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miércoles, 19 de octubre de 2011

Pasan los años, unas cosas cambian y otras no...

    Todos sabemos que en la vida nos pasan cosas que nos llaman la atención por su significado, o simplemente por las casualidades que se nos dan. Unas veces porque nos cambian la vida y otras porque nos encontramos con que las cosas en el fondo no cambian tanto.

    Este fin de semana hice un ejercicio de memoria y me percaté de un hecho curioso. Estos mismos días de hace cuatro años me encontraba en la misma ciudad, en el mismo cliente, haciendo en esencia lo mismo. Estoy en Pamplona. Aquella vez tuve por primera vez en mis manos el iPhone original, el mío, que a día de hoy sigue acompañándome a diario. Es el teléfono que más tiempo me ha durado con diferencia, a pleno uso ininterrumpidamente. Era también mi primer Apple.

    Hoy estoy escribiendo esto desde mi MacBook Pro. En casa me esperan el iMac y el iPad, y junto al iPhone, me acompaña el iPhone 4 que tengo hace unos 14 meses. Desde entonces mi visión de la tecnología como usuario dio un giro radical. Mi pasión, cambió de rumbo y me ha llevado por caminos que hasta entonces no esperaba.

    Aquel viaje a Pamplona cambió mi vida en ciertos aspectos. Pero la cosa no acaba ahí...

    Hace dos meses y medio me encontraba en Pamplona, comenzando el proyecto que termino hoy, cuando recibí la noticia que ha cambiado mi vida para siempre, mi hija había decidido que era el momento de venir al mundo. Esto me obligó a adelantar mi regreso precipitadamente a Madrid.

    De nuevo, durante un viaje a Pamplona, me cambió la vida. No son hechos comparables desde el punto de vista humano, pero los que me conocen bien entenderán que haga esta reflexión dado mi carácter "geek"

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