Hace tiempo que llegué a la conclusión de que aquí a todo el mundo le gusta opinar de lo que no sabe y de lo que no entiende, pero he visto que la cosa no termina ahí, sino que no es opinión sino cátedra. Lo que pudiera ser una humilde opinión, respetable como cualquiera, se convierte en aseveración sin conocimiento ni fundamento, pero con mucha soberbia.
Así es este país, lleno de tontos sobradamente preparados en cualquier materia, la conozcan o no. Lo único que no pueden demostrar es ignorancia o desconocimiento, porque se interpreta individualmente como defecto lo que siempre fue una virtud: la humildad.
He decidido no volver a discutir con nadie que sepa más que yo de nada, porque ante todo debería aprender yo y no dar lecciones, pero sobre todo no discutiré con quien sepa menos que yo tampoco porque no quieren aprender, sino dar lecciones.
No creo que haya que poner ejemplos porque seguro que cualquiera de los que me leéis habéis sufrido el mismo comportamiento alguna vez.
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